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Pasqual Maragall
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17 d'octubre de 2008

MAD 5 BCN 0

En un reciente viaje a Madrid a buscar apoyos contra esto del Alzheimer, se nos ocurrió ir en tren AVE, o sea, en castellano, Alta Velocidad Española. En el viaje  sucedieron una serie de cosas cuando menos curiosas. Se nos ocurrió ir a un hotel de lujo y añoramos los viejos hoteles de nuestra juventud. En cambio el tren fue una delicia: ni chequeos, ni aeropuertos distantes, ni prohibición de teléfonos móviles, música agradable etc.


Todo empezaba bien. Desembarcas en Atocha, en pleno centro y vas a lo tuyo. Luego visita a una subasta de arte, con mayoría de cuadros de pintores catalanes, y público madrileño: gente simpática y sabia, es decir, que sabía lo que quería. Te enteras entonces de una serie de cosas: te enteras de que la famosa T+ de Tàpies es también T de Teresa, su mujer. Yo que soy amigo de Antoni y  Teresa no había reparado en ello. En Madrid te lo cuentan. De  repente te tropiezas con una Infanta, educadísima y parca. En fin, todo perfecto. Luego sales a la calle: las calles están limpias; no hay obras por todas partes como en BCN. La subasta de arte estaba ubicada en el viejo Hotel Palace, con amigos que te instruyen: esta noche una dama conocida de Madrid da una fiesta. Nos invitan a Diana y a mí cenar. Fantástico. Iremos. Pero antes pasamos por el hotel a cambiarnos.


El hotel de lujo, creo que propiedad de  catalanes, es el no va más. Desde esa base hemos realizado estos días una serie de visitas a empresarios para recaudar fondos contra el Alzheimer - aquello que yo llamo Eisenhower, cosa que en Madrid no acaba de gustar: no en vano le recibieron aquí a ese señor un millón de ciudadanos enfervorizados. Eisenhower metió a España en la ONU en el 1954 a cambio de las bases militares en España, que por cierto aún existen. Torrejón, no tanto como antes, que está demasiado cerca de Madrid. Pero Rota sí.


Llegas al lugar de la cena, en los arrabales elegantes de Madrid y empiezas a encontrarte a gente conocida. Sale todo a pedir de boca. Tropiezas con amigos de entrañable recuerdo … y allí empiezan los problemas .¿Cómo se llamaba este chico alcalde de tal ciudad próxima a Madrid?  Tiene una mujer encantadora. Bono no se ha presentado. Polanco Jr. tampoco. Debe estar con Felipe y Slim. Pero aparece una vedette elegante, que habíamos conocido en BCN, recordamos viejos tiempos de revista y quedamos a cenar en Leopoldo, en Barcelona, después de las elecciones americanas de Noviembre. Su marido apuesta por Mc. Cain, yo por Obama. (Eso era antes del subidón reciente de Barack. ) No es que el hombre, que imagino más bien del PP, no prefiera a Obama: más bien le cae simpático.  Pero dice que los blancos nunca votaran a los negros. Ya lo veremos.


De vuelta al hotel empiezan a surgir problemas. Me pongo a escribir estas notas y el ordenador se desordena: empieza a intercalar abajo párrafos escritos arriba y además avisa: “Batería baja”.  Encima no tengo luz.  El hotel es tan perfecto que no hay modo de apagar la luz. Ni el televisor. He tratado de llamar abajo pero no tengo el teléfono del hotel, no viene por ningún lado. Y decido apagarlo todo. Estaba por llamar a la Info de Telefónica, que es de los pocos servicios públicos, con el AVE, que funciona a la perfección, gracias a esos funcionarios diligentes con acento afro americano que te sueltan inmediatamente el número que buscas, previo aviso grabado de que la consulta te costará x euros … pero el telefonito móvil se queda sin pilas y no hay dónde enchufarlo.


¿Qué hacer? como diría Lenin. Abro el ordenador,  porque como he quitado la tarjeta de la entrada de la habitación para evitar luces y ruidos, excepto el de la refrigeración, que no cesa, no hay luz alguna, pero ni así: se acaba la batería del Fujitsu Siemens portátil. Durmamos.


10:30  de la mañana. Ya en Atocha a bordo del AVE y apunto de salir. Gracias a la amabilidad de un señor que tiene un ordenador con cargador del mismo paso, puedo proseguir el relato. Copio textual de lo que he manuscrito con Boli rojo a primeras horas de la madrugada.


Pues no lo encuentro. Dónde lo habré dejado ? En la habitación del hotel? En la maletita de Diana? Quien sabe?


El tren se desliza suavemente sin sobresaltos ni altibajos. Una delicia. Voy para BCN, la ciudad densa, abigarrada, ruidosa, a veces caótica, siempre en obras, de turismo multicolor más bien modesto, de clase media (eso sí: con nuevos ricos rusos y chinos). La ciudad que vino hace nada en el Financial Times como el colmo de la desdicha y la felicidad, de la belleza y la miseria. La ciudad de Woody Allen. La mía. Me acerco a ella pensando: “en el fondo te añoro”. Vuelvo antes de hora porque María, la mujer de mi hijo, se ha puesto a parir. Nolasco, nuestro tercer nieto, de apellido catalán y noruego, está a puntito de nacer.


Sí: Barcelona tira mucho. “La nostra ens agrada més”  le dijo un día una señora en el Liceo a su marido cuando éste señalaba entre el público a las queridas de sus amigos. Pues eso. Querida BCN.  Coqueta y traidora a veces, pero aún con sus pecados, nuestra, nuestra, como dijo el poeta.


La meseta se desliza suave y velozmente hacia atrás. Estamos llegando a casa.


Pasqual Maragall  Octubre 2008


Post Scriptum: Luego encima el Barça de Guardiola y Messi le clava un 6 a 1 a un correoso Atlético de Madrid.


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