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11 de novembre de 2008

Obama vs. Mc Cain (castellà)

Dia 1:

NYC amanece en un dia glorioso de otoño, de esos que solo se dan en países capaces del azul prístino y el cielo `profundo, el rojo encendido en las hojas tardorales aún vivas. A los locales les da por correr la Marathon: miles y miles de viejos, mujeres, niños, impedidos en carricoche, cojos con muleta y atletas de raza corren y corren en conmemoración de la hazaña de algún griego que debía llevar algún mensaje decisivo en alguna de las batallas que dieron nacimiento al mundo que hoy conocemos, si más no al mundo occidental – hemisferio norte. Por la noche, en el Metro, la chapa metálica que llevo prendida en  la solapa, coloreada con la efigie de Obama, no reclama la atención de los pasajeros somnolientos. El Metro sigue siendo viejo, pasablemente sucio y eficiente, con su versatilidad local/Express de trenes de parada frecuente y trenes rápidos. Parece que estamos en la calma que precede a la tempestad o a la explosión de sentimientos hasta ahora reservados. La gente ni se mira a la cara. Algún gamberro con pantalones abombados y voz chillona recorre los vagones haciéndose notar. Nadie repara. No hay revisores, no hay polis. Tranquilidad. Recuerdos de tantos años atrás, cuando bajábamos desde casa, en el West Side de la calle 102, hasta la 14, dónde estaba la New School. Bajábamos en tren, pero teníamos, no sé donde aparcado, un Ford Pinto que nos sirvió para cruzar de Norte a Sur hasta Nueva Orleans y que no sé bien dónde guardábamos.

 

Día 2:

Nos hemos instalado en casa de una amiga generosa, catalana, que vive en el East Side, en un piso lleno de gatos, agradable, sin vistas espectaculares, pero con su portero y todo. Acompaño a la propietaria del piso hasta el Aeropuerto, siempre en el Wagon que hemos alquilado y con mi fiel acompañante, que va con los ojos abiertos de par en par todo el día – aunque sin arma . M. se va a Barcelona a visitar su casa en el Baix Empordà y resolver problemas familiares.  Vuelvo de Kennedy y empiezo a regurgitar el pasado. Cuantas veces no hicimos ese mismo recorrido en 1971 – 73. Por supuesto el calvario de la entrada en NY, en los USA, sigue siendo el mismo de entonces. Eso no ha cambiado. En USA no se han enterado aun de que no son los amos del mundo y que la gente que viene no viene solo a mendigar o a matar al presidente de los Estados Unidos, cosa que un poco más y te preguntan. De donde viene a donde va, cuanto dinero trae etc. A una compañera del grupo le han descubierto un parentesco tunecino y se arma la de Dios. Me recuerda la entrada de Pepe Bergamín en EEUU, para visitar a sus hijos, cuando el vivía exilado en Uruguay y los niños en “América”, como dicen aquí, es decir, en EEUU. Al pobre Bergamín le hicieron jurar que era comunista, porque esto le situaba, creo, legalmente, en una situación de precariedad y de expulsión inminente, y él que no era comunista, sino católico,  amante del orden y no del anarquismo, firmó sin chistar, luego de explicar que él, con los comunistas, hasta la muerte iría, pero ni un paso más.

 

Día 3:

Visitas a los amigos. Carmen Zulueta de Greenebaum, mi madre americana (como ella dice) nos recibe en su casa de la 5ª avenida con la 90 y tantos. Ella fue la que nos acogió cuando primero llegamos en 1973. Recuerdo que la primera mañana que eché pie a la calle  me encontré a un tipo medio muerto, tumbado en la acera, llamé a un guardia, se acercó, le dio una suave patadita en la tripa al tipo, y como sea que éste gruñía, certificó: “he is not dead”. A la vuelta de la esquina y de esa sorpresa me encontré frente a una tienda de venta de pianos de cola en la que un pájaro tocaba Mendelson vestido de jaqué.

 

Dia 4::

Noche loca. Obama ha ganado. Primero hemos estado en Carnegie Hall en el concierto de Serrat, que por cierto solo cantó media canción en catalán, con cierta lógica porque el público era básicamente hispano y sobre todo argentino. Pero las chicas andaban locas con el noi del Clot. Él construyó de forma elegante y sutil (como pompas de jabón) las palabras de presentación de cada una de sus canciones, en términos de sucesivos proverbios orientales, de esos que no dicen nada y lo están diciendo todo.

Luego vamos al New York Sheraton  a la velada electoral oficial del Partido Demócrata, se desborda la tensión y finalmente explota el entusiasmo. Lágrimas, besos, gritos, abrazos, todos con todas, todas con todos. Obama hace uno de sus mejores intervenciones, ya sin teleprompter, totalmente dueño de la escena y de su propio rol. El mundo empieza a cambiar en ese 4 N 2008. Realmente se abre una nueva época. Quedan lejos el 11 S, los asesinatos de King, Malcom X y los Kennedy. A este no lo matarán. Entre otras cosas porque los USA ya no son lo que eran: no se pueden permitir el lujo de dejar que maten a uno que representa como nadie la esperanza de millones y millones de personas.

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