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Pasqual Maragall
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26 de març de 2009

Cosas que van y cosas que no van (castellà)

Mientras voy escuchando la sintonía musical insípida y monocorde del Registro Civil de BCN, que no debe tener muchos telefonistas aprovecho para ir repasando cosas que aquí no van como mi ordenador y cosas que van como el Barça, la marca Barcelona, que está por las nubes, las obras de la plaza Lesseps – si no fuera por las obras del metro que ha de pasar por allí – las obras de la Sagrada Familia, a las que solo falta añadir el proyectado salto en arco inclinado por encima de la calle Mallorca, que daría a Barcelona la maravilla de una calle con pasarela encima – cosas de esas que solo pasan en Roma.

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Han pasado días y días y reanudo mi dialogo con mi mismo en el Blog.

Bad Day suena en el altavoz del ordenador gracias a la gentileza del hijo de Helena Guardans, un crack de la informática y la comunicación, como todos los niños y chicos de ahora: mi nieto toca el violonchelo!

Cosas que van. Casi todo en esta ciudad afortunada. Casi nada en este país complicado que hemos de sustituir por una Europa grande que parece que nunca llegará, porque el actual presidente de turno es un individuo con ideas por lo menos curiosas, por no decir estrafalarias. Cuando demonios habrá un Presidente Europeo con poderes, elegido por sufragio universal o algo semejante, que mande sobre un ejército y nos haga poner la mano en el pecho cuando se ice la bandera al son del himno de Europa, la 9ª Sinfonía de Beethoven, con letra de Schiller que mi abuelo tradujo al catalán ( “Joia que ets dels Deus guspira, engendrada dalt del cel”  etc.)? Cuando, cuando, cuando? como dice el tango o el valsito criollo.

Cosas que van: Obama y el cierre de Guantánamo y la retirada a plazo  de Afganistán. Que no van: la precipitación del gobierno español, que ha querido ser el primero en un tema que requiere mucho tiento y pocos protagonismos.

Ayer estuve cenando con Jospin y el Cónsul francés en Barcelona, Pascal Brice. El cónsul ve las cosas con más distancia y ecuanimidad. No deja de ser lógico. Aparte de esto tiene una residencia cerca de la cruz de Pedralbes que ya querría yo para mí. De pequeño yo quería ser cartero, sereno o embajador. Pues eso: embajador, o mejor aún cónsul. La embajada en Buenos Aires creo recordar que me la ofrecieron – no sé si para premiar los servicios prestados, pero lejos. Fue finalmente Rafael Estrella, granadino y buen amigo. Y buena persona.

Bien pensado, la lástima fue que yo no imaginaba que mi hija se iba a quedar en Buenos Aires, casarse y tener a Maia, mi nieta preciosa, a la que voy a ver dentro de poco. La primera nieta, la primera futura mujer – ese artefacto superior al hombre, insustituible para el mantenimiento de la especie, que podría imaginarse sin hombres con un buen sistema de bancos de semen, con el único problema de que las mujeres se aburrirían: los hombres somos sus payasos, sus juguetes, pero poco más. Lo cual no quiere decir que las mujeres no quieran a los hombres. Son los hombres, según el novelista de moda, los que no quieren a las mujeres. (Aunque dicen que el libro no va de esto).

Seguirá.

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